29/11/08

Deseo y poder

El deseo antimadridista es uno de los campos de estudio más fascinantes que nos depara este principio de siglo. Es evidente que los títulos y el prestigio se amontonan; que la victoria se ha convertido en una tarea rutinaria, acaso interesante cada una o dos décadas por el empuje de un Milán en Europa. Pero eso, por sí solo, no explica las causas ni el transcurrir antimadridista.

Quizá sea hora de releer "Un diálogo sobre el poder" entre Gilles Deleuze y Michael Foucault. Claro, dirán los Fans del Madrid que el escrito data de 1972 y que es tan viejo como la Intercontinental del Atleti. Sin embargo, cuatro décadas no han sido suficientes para desentrañar una ecuación que rige todos los campos de las relaciones humanas, especialmente del fútbol:

"Como bien dices, las relaciones entre deseo, poder e interés son más complejas de lo que por lo general se cree y no son forzosamente los que ejercen el poder quienes tienen interés en ejercerlo (...) Ocurre que las masas, en el momento del fascismo, desean que algunos ejerzan el poder (...), hasta su muerte, su sacrificio, su masacre, y, sin embargo, ellas desean que ese poder sea ejercido. Este juego del deseo, del poder y del interés todavía es poco conocido."

En otro diálogo, Foucault afirmaría que lo que hace que el poder sea aceptado es que produce cosas, induce placer, forma saber. Lo que nos llevaa sospechar que el antimadridismo puede ser uno de los pilares más importantes de los éxitos del Club; un motor incansable de exigencias y críticas al juego del equipo, a las inexistentes ayudas arbitrales y al favoritismo institucional. El deseo masoquista del antimadridismo es, paradójicamente, una de las refinerías de la Casa Blanca y lo que explica,en parte, la alarmante placidez que se observa en las gradas del Bernabéu.

El tema es trascendental para el futuro del club. Debemos ahondar en esa relación. Ya lo vivimos con el divismo de los últimos años del florentinato, cuando el deseo globalizado invadió a un antimadridismo con la boca abierta. El madridismo necesita mantener el nivel de exigencia de sus enemigos. El día en el que el deseo inconsciente de sus enemigos decaiga, el Madrid empezará su decadencia irreversible.

Es necesario analizar el deseo madridista, pero, sobre todo, el antimadridista. La incipiente talasocracia blanca debe fomentar el respeto capellista en sus enemigos, pero, en no más de diez años, será necesario otro número de divismo sexualizado como el que vivimos con el florentinato beckhamista. Eso exacerbará el deseo del antimadridismo y de un Hughes, lo que asegurará otra década de crecimiento y progreso.

(Artículo publicado por P. en Fans del Madrid)

28/11/08

La ruina del racismo negro de Mugabe

por Javier Monjas

La situación de devastación económica y social es difícil de expresar en palabras -de "crítica" la califica la oposición-, pero en números se puede resumir en una inflación que el pasado mes de julio la propia Oficina de Estadísticas del país cifraba en el 231 millones por ciento -aunque economistas internacionales independientes consideran que es mucho más alta-, con un banco central que puso en circulación billetes de 100.000 millones de dólares zimbabwenses, y con unos índices de paro superiores al 80 por ciento. A una situación a punto de desplomarse en un caos económico no visto desde la prehistoria, una epidemia de cólera ha comenzado a matar a cientos de ciudadanos en una cantidad que, según las fuentes, oscila por el momento entre los más de trescientos y los más de seiscientos.

Nuevo Digital

27/11/08

No soy del PP ni voy a votarle, pero...

"Se me podría, con plenos derechos, decir: si no soy del PP ni voy a votarle, ¿por qué me meto en sus asuntos? Los asuntos del PP me importan un bledo: me importa España, y considero al Gobierno actual una catástrofe para mi país. Busco desesperadamente una oposición capaz de constituir una alternancia, y no la encuentro."

Carlos Semprún Maura

26/11/08

Desconcierto en los Estados Unidos de la transición

por Javier Monjas

Obama ganó la presidencia de Estados Unidos con visionarios discursos sobre el fin de las diferencias raciales y el principio de la América armonizada. Sin embargo, según avanzan los días, algo va quedando claro: Ni nada es lo que parece, ni nada es lo que parecía. Una estremecida tensión va invadiendo unos Estados Unidos que, según el guión, debían estar eufóricos por ‘el fin de la historia’ que representaría el senador negro. Nada más lejos de la realidad. El rencor de amplias capas blancas por la inusitada y triunfante coalición de la ‘América diversa’ -negros, hispanos, musulmanes, asiáticos- que las condena a un triste papel de ‘secundones’ como -ya consumada- minoría mayoritaria del país está comenzando a disparar las agresiones racistas. Miles, quizás millones de personas de la América blanca cristiana tradicional consideran que han perdido a su nación y se dejan caer en un aterrado milenarismo que ya ve en Obama a -literalmente- el Anticristo. Y si los musulmanes tuvieran uno -que lo tienen, aunque con distinto nombre-, en Obama también comenzarían a estar viendo el suyo.

Nuevo Digital